Si alguien me hubiera dicho hace
un par de años que le robaría tiempo al tiempo para dedicarlos a investigar,
escribir, rediseñar hojas, buscar piezas que parecen imposibles de encontrar,
obsesionarme con pequeños detalles, preguntarme una y otra vez qué estoy
dejando fuera o qué estoy dejando de ver que probablemente a otros les parezca nimios
o absurdos y hasta excesivos, probablemente hubiera respondido: “Eso suena totalmente
a algo que si haría”. Un par de años después heme aquí.
Alguna vez me preguntaron por qué
decidí desarrollar una exhibición temática, la respuesta corta es porque me gusta
la filatelia. Pero en realidad esa no es toda la historia, si así fuera este
artículo terminaría aquí y el amable lector podría dedicar su valioso tiempo
a revisar subastas en internet o reorganizar su álbum por enésima vez. La
realidad es que la decisión surgió de una combinación de varias cosas que
disfruto enormemente y que pude reunir en una sola actividad.
La primera de esas cosas es,
evidentemente, la filatelia misma, pero también algo que no siempre solemos asociar
con ella: la narrativa visual. En lo particular siempre he disfrutado de una
buena historia, libros, películas, cómics, la escultura y la pintura, la propia
historia de las civilizaciones humanas; pero también las mismas estampillas
postales cuentan historias y son parte de la narrativa visual. Entonces, me
pareció una buena idea, que también podría contar historias utilizando sellos,
sobres, enteros postales, cancelaciones y otros materiales filatélicos.
Mi idea, no porque sea mía
(bueno tal vez también por eso), me pareció fascinante. La idea no surgió espontáneamente,
originalmente pensé en hacer una exhibición de cómics, pero parecía un tema banal
y ya muy visto. Hay exhibiciones de cómics en general, de personajes de cómic
en particular, de dibujantes, etcétera. Luego pensé en hacer la historia de los
cómics, desde Rodolphe Toppfer hasta la fecha, pero aun así me pareció
limitado. Fue entonces que me pregunté que había antes del primer cómic
reconocido como tal y me di cuenta de que acababa de abrir la puerta a horas
y horas de investigación histórica y filatélica. No es una queja, he disfrutado
cada momento.
Y es que una exhibición temática
no consiste solamente en mostrar piezas bonitas. Se trata de tomar muchísimos
elementos distintos y convertirlos en una narrativa coherente… en una historia.
Es decirle a quien llegue a observar mi exhibición: “Ven, te voy a mostrar algo
interesante”.
En ese momento, cada sello, cada
sobre, cada hoja de recuerdo se convierten en personajes, en viñetas, en
ilustración, en evidencia de un enorme rompecabezas que te lleva por una
historia.
Y admito que hay algo
profundamente satisfactorio en lograr una página que funcione visualmente y que
logre contar una parte importante de la historia. Y sin embargo, pronto
descubrí que la narrativa era solo el principio, lo que realmente terminó atrapándome
fue la investigación. Se podría pensar que al elegir un tema ya se sabe más o
menos hacía dónde va. En mi experiencia, eso dura aproximadamente quince
minutos. En el minuto dieciséis empiezan las preguntas… muchas preguntas,
preguntas que te llevan a otras preguntas. Preguntas que hacen que termines
leyendo artículos académicos a las doce de la noche cuando solo buscabas un
sello específico y al terminar la lectura del artículo, con los ojos
enrojecidos descubres que el tema que elegiste es muchísimo más profundo de lo
que imaginabas. Creo que esto ocurre con cualquier tema cuando uno decide
estudiarlo seriamente.
Desde lejos, una montaña parece
relativamente simple. Cuando empiezas a escalarla descubres valles, cuevas,
senderos, precipicios y paisajes que ni siquiera sospechabas que existían.
Lo mismo sucede con una
exhibición temática, cada vez que creía haber comprendido un aspecto de mi tema
aparecía una nueva perspectiva, una nueva interpretación o un nuevo dato que me
obligaba a replantear parte del trabajo. Ahora bien, esto jamás resultó
frustrante, por el contrario, era una señal de que aun había, y hay, mucho por
descubrir.
Otra gran motivación para mí ha
sido la posibilidad ideas novedosas, desarrollar un hipótesis nueva o poco
tratada o conocida.
En la filatelia, como en
cualquier disciplina, existen temas clásicos extraordinarios. Sin embargo,
siempre me ha atraído la posibilidad de encontrar enfoques distintos. No
necesariamente porque sean mejores, sino porque son nuevos, porque se salen de
la norma… alimenta la parte rebelde que habita en mí.
Hay, para mí, una satisfacción
especial en observar un tema desde un ángulo poco habitual y preguntarme: ¿se
podría contar esta historia de otra manera? A veces la respuesta es sí, a veces
no y algunas veces la respuesta es “quizá, pero me va tomar meses averiguarlo”.
Asumo que los expositores y
coleccionistas temáticos conocen perfectamente esa sensación. Lo que comienza
como una pequeña idea termina convirtiéndose en una investigación completa. Y
cuando finalmente funciona, el resultado es extraordinariamente satisfactorio.
Ahora bien, la investigación no
se limita al tema en sí, también está la investigación filatélica. De hecho,
una de las cosas que más aprecio de la exhibición temática es que obliga a
desarrollar ambos aspectos simultáneamente. No basta con saber del tema,
tampoco basta con tener material filatélico, hay que comprender ambos mundos y
encontrar el punto donde se cruzan.
¿Por qué se emitió un sello en
particular? ¿Cuál era el contexto histórico? ¿Qué representa exactamente la
imagen? ¿Es la mejor pieza disponible para ilustrar una idea concreta? ¿Hay una
cancelación especial que aporte más información? ¿Podría usar una pieza de
historia postal para reforzar el argumento?
De pronto, la búsqueda de material
deja de ser una simple acumulación y se convierte en una investigación. Y,
siendo sincero, la emoción de encontrar la pieza perfecta para resolver un
problema narrativo es difícil de explicar a quien no practica la filatelia.
Para el resto del mundo puede parecer un trozo de papel. Para el expositor
temático puede ser la pieza que llevaba meses o años buscando.
Pero el descubrimiento más
interesante que he realizado durante es proceso no tiene que ver con sellos,
tiene que ver con personas. Cuando se estudia un tema con suficiente
profundidad terminas encontrándote constantemente con la naturaleza humana. Y
resulta sorprendente comprobar cuánto tenemos en común con personas que
vivieron hace cientos o incluso miles de años.
Cambian las tecnologías, los
idiomas, las fronteras, las costumbres, pero ciertas cosas permanecen: la
curiosidad, la ambición, el miedo, la creatividad, la necesidad de pertenecer,
la búsqueda de significado. Una y otra vez aparecen los mismos patrones en
culturas completamente distintas. Y creo que eso ha sido una de las enseñanzas
más valiosas que me ha dejado, hasta ahora, la filatelia temática. Entonces la
narrativa de la exposición se trata, muchas veces, de conectar épocas, países y
generaciones.
Debo de reconocer que hay otro motivo que me ha impulsado y que probablemente aquellos de gustan de
exponer coincidirán conmigo: me gusta mejorar, me gusta aprender, me gusta
enfrentar desafíos y definitivamente, me gusta competir.
Aunque existe cierta incomodidad al
admitirlo, como si la palabra competencia tuviera una connotación negativa. Yo
no lo veo así, la competencia, cuando se entiende correctamente, es una
herramienta de crecimiento, mientras lo hagas de una forma honorable y
respetuosa.
Las evaluaciones y retroalimentación
de los jueces, las observaciones de otros coleccionistas y la comparación con
exhibiciones de alto nivel nos obligan a preguntarnos constantemente, cómo
podemos hacerlo mejor.
¿Cómo puedo fortalecer un
argumento? ¿Cómo puedo mejorar una hoja? ¿Cómo puedo encontrar una pieza
filatélica más adecuada? ¿Cómo puedo hacer que mi narrativa sea más clara?
Cada mejora, por pequeña que sea,
representa un avance. Y esa búsqueda permanente de excelencia resulta
enormemente estimulante. La medalla puede ser agradable, así como el diploma,
pero lo verdaderamente importante es el proceso que nos llevó hasta allí.
Porque a final de cuentas, una exhibición temática nunca está completamente terminado,
siempre existe una pieza mejor, siempre surge una idea que no habíamos
considerado y tal vez, esa sea una de las razones por las que disfruto tanto
esta modalidad de la filatelia.
No es una meta que se alcanza una
vez, es una aventura intelectual continua, una combinación de coleccionismo,
investigación, aprendizaje y superación personal, además de mucha creatividad.
No puedo dejar de incluir, como
uno de los grandes beneficios de haber decidido desarrollar un a exhibición
temática, es el haber tenido la oportunidad de conversar con filatelistas y
personas extraordinarios. Cuando rebotas una idea, expresas una duda, consultas
un experto de la comunidad filatélica, te topas con gente que con toda
generosidad comparte su experiencia, sus ideas y su conocimiento. Gente que se
toma el tiempo para escuchar tus divagaciones y lo hacen con amabilidad. En
este camino he tenido la oportunidad de conocer a ganadores de oro mundial, a
expertos filatélicos, antropólogos, aventureros filatélicos (en el mejor
sentido de la expresión), comerciantes. He tenido la oportunidad de tener
cortas y largas conversaciones, siempre enriquecedoras. Pero sobre todo he
tenido la oportunidad de hacer nuevos y valiosos amigos.
Finalmente solo me resta decir
que decidí hacer una exhibición temática porque me permite unir mi afición por
la filatelia por mi gusto por las historias, porque me obliga a investigar y
aprender constantemente, porque me permite explorar nuevas ideas, porque me ha
enseñado mucho sobre el tema que estudio y todavía más sobre las personas que lo
han protagonizado. Y porque, cada vez que creo haber llegado al final del camino,
descubro que en realidad solo he encontrado el comienzo de una nueva página.
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