El celacanto: un regreso asombroso desde hace millones de años

Por: Omar Carrillo Quirós

Islas Comoras, 1954.
Timbre Fiscal


    En diciembre de 1938, frente a la costa de East London, Sudáfrica, unos pescadores capturaron un pez que parecía salido de otro mundo: medía cerca de 1,5m, pesaba más de 50kg y tenía una piel azul-metalizada con fuertes escamas y aletas articuladas como si fueran extremidades. 


    Su aspecto era tan extraño que lo llevaron al museo local, donde Marjorie Courtenay-Latimer quedó impresionada por su singularidad. Sin dudarlo, contactó al ictiólogo James L. B. Smith. Juntos descubrieron que no era un pez cualquiera, sino una especie que se creía extinta desde hace más de 65 millones de años: el celacanto [1][2].

Sudáfrica, 1989. Sobre de Primer día.


    Lo sorprendente no fue solo encontrar el animal, sino confirmar que pertenecía a un linaje de 400 millones de años, con fósiles que datan incluso antes que los primeros tetrápodos —los vertebrados que salieron del agua para vivir en tierra— [3].

Ilustración 1(fuente Wikipedia)

Peces de aletas lobuladas y tetrápodos anfibios del Devónico tardío


¿Por qué lo llamamos “eslabón perdido”?

    El celacanto destaca por sus aletas lobuladas: no son como las aletas de los peces comunes, sino que tienen una base ósea similar al brazo o pierna de los vertebrados. 


Estas aletas se articulan con el cuerpo de forma parecida a cómo lo haría una extremidad, conectándose a una cintura escapular y pélvica, como si fuera un ancestro distante de nuestras manos y pies [4].


Corea del Norte, 1999. Hoja Souvenir


    También tiene un cráneo dividido, con una articulación interna que permite mover por separado el frente y la parte de atrás del cráneo —una estrategia útil para capturar presas— [5]. 


    Añade a esto su notocordio cartilaginoso —un precursor de la columna vertebral—, un órgano similar a un pulmón lleno de grasa y un corazón con diseño primitivo. 


    Todas estas características lo convierten en un puente viviente entre el agua y la tierra, un fósil que sigue nadando entre nosotros.

Polonia, 1965Polonia, 1965


Un fruto del océano profundo… que reapareció

Durante años no hubo más registros del celacanto. Pero en 1952 lo pescaron de nuevo en las Islas Comoras, lo que permitió estudiar al animal vivo y confirmar que su supervivencia en aguas profundas (150-700 m) no era fruto de la casualidad ni de una sola criatura [2][3].

Islas Comoras, 1975

    Existen hoy dos especies vivas:

  • Latimeria chalumnae, alrededor de África y Comoras.

  • Latimeria menadoensis, descubierto en 1997 frente a las costas de Indonesia.

Indonesia, 2000. Hoja Souvenir


    Estos peces pueden vivir más de 60 años, se reproducen internamente (ovovivíparos) y tienen un metabolismo lento. El análisis genético en 2013 reveló que evolucionan a un ritmo casi congelado, lo que explica su notable parecido con sus ancestros del Devónico [6].


Lecciones de un superviviente

    El celacanto nos enseña que evolucionar no siempre significa cambiar

    Cuando un diseño es eficaz, la estabilidad puede ser su mejor adaptación. También nos recuerda que ningún rincón del océano está totalmente explorado: aún hay especies que pueden esperar ser descubiertas.

 Islas Comoras, 1973.

    Sin embargo, su supervivencia está bajo amenaza: la pesca de arrastre, la contaminación de aguas profundas y la minería submarina ponen en riesgo a esta “máquina del tiempo viviente”. Protegerlo no es solo cuidar una especie; es conservar un fragmento tangible de nuestra propia historia evolutiva.



Referencias

  1. Weinberg S. A Fish Caught in Time: The Search for the Coelacanth. Harper Perennial; 2000.

  2. Smith JLB. Old Fourlegs: The Story of the Coelacanth. Longmans; 1956.

  3. Long JA. The Rise of Fishes: 500 Million Years of Evolution. Johns Hopkins Univ Press; 1995.

  4. Clack JA. Gaining Ground: The Origin and Evolution of Tetrapods. Indiana Univ Press; 2012.

  5. Bemis WE, Grande L. Development of the coelacanth and vertebrate limb evolution. Am Zool. 1999;39(2):241–261.

  6. Amemiya CT, et al. The African coelacanth genome provides insights into tetrapod evolution. Nature. 2013;496(7445):311–316.


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