¿Quién o qué es un filatelista? Fácil, es aquel que hace filatelia. Punto.
Para empezar, no todo el que colecciona estampillas es un filatelista. Al principio la gran mayoría somos acumuladores, juntamos y juntamos timbres sin orden o sentido. Y cuando damos el paso a organizar, ordenar y aprender de esa acumulación, es cuando damos el paso hacia la filatelia.
Y ojo aquí, tal vez muchos no se han dado cuenta, pero un filatelista es en primer lugar un depositario - por voluntad propia - de fragmentos de la historia.
Sabemos que los sellos postales son una ventana al mundo. Nos enseñan de la forma de vida de otras culturas: lo que comen, lo que celebran, quienes son los que ahí viven. Aprendemos un poco de idiomas, personajes, flora y fauna. Geografía, heráldica, política y, sí, historia. Pero la filatelia no es solo descubrir lo que hay en dentro de ese pedacito de papel, también todo lo que hay alrededor de este.
Cuando nos adentramos más en el mundo filatélico, también aprendemos de tarifas, leyes, edictos, rutas, cambios politicos, relaciones diplomáticas, y un largo etcétera. Llega un momento en el que una estampilla o un fragmento en menor medida y un sobre nos abren una ventana a una época en la que la vida era diferente. Y si se tiene la fortuna de contar con el contenido del sobre, tenemos una instantánea de un mundo que muchas veces no conocimos.
Ser filatelista es ser un profesional de una disciplina que no se enseña en ninguna escuela. Y a la cual, cada quien le agrega algo, dependiendo de su área de formación académica o laboral. Un filatelista debe ser un investigador, un estudioso, un analista, un maestro y, sobre todo, un promotor.
Coleccionar nos lleva a atesorar artículos ligados - la mayor parte del tiempo - a la actividad humana. Pero en la mayoría de los casos - salvo contadas excepciones - son objetos comunes a su tiempo, pero impersonales. Encendedores, relojes, figuras de cerámica, platos, libros, etc. Con las cartas y las postales la situación es diferente: sabemos de donde salió y quien la mandó; sabemos a donde llegó y a quién iba dirigida. Incluso, tenemos las palabras y pensamientos de los actores. La filatelia va más allá de una simple afición
La labor del filatelista.
Estudiar e investigar, debe ser la punta de lanza de nuestro quehacer. Aprender a cuidar y conservar nuestro material es indispensable. Y por supuesto compartir lo que sabemos: ya sea en pláticas y conferencias, exhibiciones y publicando.
Es importante:
- Participar e impulsar dinámicas filatélicas como intercambios o ruedas.
- Apoyar a los novatos, con consejos e información. Y porque no, regalando un pequeño lote de timbres sólo para impulsar el interés de algún novato.Todo filatelista, ya sea incipiente o experimentado es valioso.
- Es importante enseñar y ayudar, el regaño y el desinterés solo provoca deserciones.
- Nadie es tan bueno o tan experto como para considerarse inalcanzable. Debemos entender que no somos los dueños de la verdad absoluta, no importa cuantas colecciones tengamos o cuantos libros hayamos escrito. Siempre es posible aprender más.
- No es pecado equivocarse o tener una opinión diferente. Esas visiones diferentes - bien sustentadas - enriquecen nuestro mundo filatélico.
- La filatelia también es la camaradería, la amistad, el compartir el conocimiento, el charlar y debatir con otros. El compartir una mesa y mostrar, y aprender, enseñar y ser hermanos en la afición. De que sirve hacer el gran descubrimiento si no se comparte. Una joya no lo es si no se transmite el que, el como, el donde y el cuando. De que sirve saber tanto si no se comparte ese conocimiento.
- Respetar compromisos: La filatelia debe ser una afición de damas y caballeros, donde la palabra empeñada debe de ser un pilar fundamental. Hay que cumplir con los envíos.
- Respetar al compañero. Esto va más allá del trato cordial y aplica tanto para ventas como para intercambios (y regalos): NO estampillas con ventanas, con falta de dientes, ni dobleces. Ni roturas ni enmendaduras. Siempre hablar con la verdad. Y si la contraparte está consiente y acepta lo que se ofrece, adelante.
- Aceptar que alguien puede saber más que nosotros, o que posee información que uno no tiene.
- Usar el correo. Sí, en la mayor parte de Hispanoamérica el servicio de correo es "tremendo", pero aún así, hay que procurar utilizarlo aunque sea de forma local.
- Contar con un inventario de estampillas para poder franquear los envíos.
- Hacer envíos con estampillas, las etiquetas son sólo para emergencias. ¿Eres también comerciante de filatelia? Con mayor razón debes de portear con estampillas, te aseguro que solo por ese detalle ganarás clientes fieles.
- Los timbres fiscales y de beneficencia también son filatelia.
- Hacer buenas relaciones en la oficina postal local, da muchas satisfacciones.
- Certificar todos los envíos, es la mejor forma de evitar dolores de cabeza.
- Todo timbre es importante, siempre puede haber una historia detrás.
- Lo que importa es el valor cultural que aporta cada emisión, el valor monetario es sólo una consecuencia. Nunca debe ser el objetivo.
- Intercambiar por el gusto intercambiar, eso deja grandes satisfacciones, pero más que nada, deja gratas relaciones. Hay que dejar de ser "exquisito", y aceptar piezas que no van con nuestra temática (no todos tienen material tan específico).
- Pero sobre todo, hay que ser humilde. Porque nadie sabe todo y en cada esquina, uno puede encontrar sorpresas.
En la medida que formemos comunidades fuertes y tolerantes la filatelia crecerá. Y recuerda, esto es sólo una opinión, no un dogma de fe.
Gracias por compartir sus letras. Uno lo sospecha hasta que lo leemos y descubrimos las coincidencias. Un fuerte abrazo, esperando leer más de usted.
ResponderBorrarMuchas gracias por tus comentarios Oscar. Y mientras haya fuerzas e ideas, aquí seguiremos.
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