Aparentemente, coleccionar sellos
postales pudiera parecer una actividad tranquila, algo excéntrica en esta era
dominada por lo digital, pero detrás de la paz sedentaria y estática de un
álbum cuidadosamente organizado se esconde un fenómeno psicológico y
neurológico sorprendente. La filatelia, como muchas otras formas de
coleccionismo, activa mecanismos profundos del cerebro relacionados con la
recompensa, la curiosidad, el aprendizaje y la identidad personal.
Dado lo anterior, no es trivial
preguntarnos entonces: ¿por qué coleccionar sellos nos hace sentir tan bien? La
respuesta se encuentra justo en el punto de convergencia de la historia postal
con la ciencia del cerebro.
El cerebro humano y el placer
de coleccionar
Nuestro cerebro está programado
para buscar recompensas. Cada vez que encontramos algo valioso, ya sea comida,
información o, en nuestro caso, una pieza que nos resulta valiosa para nuestra
colección, se activa el llamado sistema de recompensa, en éste intervienen
neurotransmisores como la dopamina.
Se ha creado el mito de que la
dopamina es “la molécula del placer”, en realidad es la molécula de la
expectativa y la motivación. Es la sustancia que impulsa al cerebro a
perseguir algo que considera valioso.
Cuando un filatelista encuentra
una estampilla difícil de conseguir, o completa una seria que busco por años,
el cerebro experimenta lo que podríamos llamar un pequeño “estallido” de
satisfacción. Neurológicamente, el proceso es muy similar al que ocurre cuando
alguien resuelve un acertijo o descubre una pista en una investigación.
Por eso, para muchos
filatelistas, la búsqueda es casi tan placentera como el hallazgo.
El impulso humano de
clasificar el mundo
Otra característica fundamental
del cerebro humano es su tendencia a organizar y clasificar la información.
Nuestro sistema cognitivo funciona mejor cuando puede agrupar elementos en
categorías comprensibles.
La filatelia es, evidentemente,
una actividad claramente compatible con la arquitectura mental humana. Las
estampillas pueden clasificarse por países, fecha de emisión, temas, técnicas
de impresión, dentado y un largo etcétera. Cada clasificación genera una
estructura mental ordenada que el cerebro encuentra placentero y gratificante.
Los neurocientíficos han
concluido que la sensación de orden y control reduce el estrés cognitivo.
Cuando organizamos nuestra colección, el cerebro percibe que el mundo, al menos
en ese pequeño espacio de la filatelia, está bajo control.
Curiosidad y aprendizaje: el
alimento del cerebro
Los sellos postales son pequeñas
ventanas al conocimiento. Cada uno puede llevarnos a una historia, una
biografía, un momento en la historia, una obra de arte, un evento trascendente. Por ejemplo, un sello puede llevarnos a investigar:
un científico olvidado, una expedición a algún lugar remoto, una pintura
famosa, un animal rato, un acontecimiento histórico.
Desde el punto de vista
neurológico, la curiosidad activa las mismas regiones cerebrales asociadas
con el aprendizaje profundo. Cuando sentimos curiosidad, el hipocampo (la
región responsable de la memoria) trabaja con mayor eficacia.
Esto significa que los
filatelistas no sólo acumulan sellos: acumulan conocimiento de forma
altamente eficiente.
Muchos estudios en psicología
cognitiva ha mostrado que el aprendizaje motivado por el interés personal se
recuerda mucho mejor que el que se hace por obligación, es decir, el cerebro
aprende con mayor entusiasmo cuando lo hace por gusto.
La emoción de a búsqueda
La base fundamental de todo coleccionismo
es la caza. Desde la perspectiva evolutiva, el ser humano desciende de
cazadores-recolectores. Por miles de años, los antepasados de la humanidad
sobrevivieron por su capacidad de buscar, identificar y obtener recursos en su
mayoría escasos. Este antiguo impulso se ha mantenido en nuestro cerebro.
Cuando un filatelista revisa una
caja de sobres en un tianguis o un mercadito callejero, cuando explora las
piezas ofrecidas en una subasta buscando una estampilla en particular, se
activa precisamente ese mismo circuito neuronal ancestral.
La diferencia es que ahora la
presa no es un animal salvaje, sino una rara emisión de una pequeña isla del Pacífico
o una pieza que contiene un error que la hace una pieza única. Pero sigue
siendo el mismo mecanismo cerebral.
El efecto “pieza faltante”
Uno de los fenómenos psicológicos
más conocidos en el coleccionismo es el llamado efecto de la pieza faltante.
Cuando una colección está casi completa, pero falta un elemento, el cerebro
sufre de una ligera tensión cognitiva. Esto está relacionado con el efecto
Zeigarnik, que describe cómo el cerebro recuerda mejor las tareas
incompletas.
Por ello, un álbum que muestra un
espacio vacío que solo puede ser llenado por un timbre específico, ese faltante
se convierte en un poderoso motivador. Completar el álbum produce un liberación
de satisfacción mucho mayor de lo que pareciera racional o normal.
Identidad personal y el
sentido de pertenencia
El coleccionismo también cumple
una función psicológica importante, ayuda a construir identidad.
No coleccionamos al azar, cada
colección refleja intereses, valores o afinidades personales. Un filatelista
puede especializarse en:
- Historia postal de su país o algún otro
- Una temática específica
- Un país
- Prefilatelia
- Rarezas
A través de estas elecciones, el
coleccionista está diciendo algo sobre si mismo. En términos psicológicos, las
colecciones funcionan como extensiones simbólicas del yo.
Adicionalmente, la filatelia
tiene un fuerte componente social. Clubes, exposiciones, congresos, grupos en
redes sociales permiten que los coleccionistas compartan conocimientos y
experiencias.
El cerebro humano es
profundamente social. La pertenencia a una comunidad que comparte intereses
refuerza la autoestima y genera emociones y sentimientos positivos.
La satisfacción estética
Los sellos postales pueden ser
también objetos de arte en miniatura. Diseñadores, grabadores y artistas
han producido durante más de ciento cincuenta años pequeñas obras maestras que
combinan tipografía, ilustración y técnicas de impresión sofisticadas.
Desde un punto de vista necrológico,
el cerebro humano responde intensamente a la belleza visual. La contemplación
de imágenes estéticamente agradables activa regiones del cerebro asociadas con
el placer y la emoción. Es por ello que
muchos coleccionistas le dediquen mucho tiempo a observar a sus álbumes. La
contemplación estética es una forma de meditación ligera: la mente se
concentra, el tiempo parece ir más lento y disminuye el estrés.
Control, estabilidad y
bienestar
Otra razón por la que coleccionar
puede resultar tan gratificante es que nos da una sensación de continuidad y
estabilidad.
El mundo cambia constantemente,
pero una colección crece de forma gradual y coherente. Cada sello que se agrega
a la colección representa un pequeño avance.
Los psicólogos han observado que
las actividades con progreso visible (como la jardinería, carpintería o la
filatelia) generan una sensación de logro que mejora el bienestar emocional. La
filatelia ofrece precisamente eso, un proyecto a largo plazo con metas
claras.
Memoria y nostalgia
La mayoría de los coleccionistas
comenzaron su afición en la infancia. Los sellos pueden convertirse en
poderosos disparadores de recuerdos.
El cerebro humano procesa la nostalgia
de forma compleja, recordar momentos del pasado activa áreas del cerebro
relacionadas con la emoción y la identidad de su propia biografía. No es una
emoción negativa, la nostalgia normalmente produce sensaciones calidad y reconfortantes.
Es por ello que revisar una
colección antigua puede convertirse en un viaje personal a través del tiempo y
de su propia historia.
Filatelia como ejercicio
mental
La filatelia es también una forma
de gimnasia cerebral. Identificar variedades, estudiar catálogos,
analizar cancelaciones o investigar rutas postales implica habilidades
cognitivas como: atención al detalle, memoria visual, pensamiento analítico,
razonamiento histórico.
Diversos estudios sugieren que
las actividades cognitivamente estimulantes ayudan a mantener la agilidad
mental con el paso de los años. En este sentido, el álbum filatélico puede ser
mucho más que un simple pasatiempo, puede convertirse en una herramienta
para mantener el cerebro activo.
Pequeños rectángulos, grandes
recompensas
La filatelia combina arte,
historia, investigación, organización y emoción. Pocas actividades logran activar
simultáneamente tantos mecanismos positivos en el cerebro humano.
Cada sello es una historia, cada
serie es un rompecabezas, cada colección es un universo personal cuidadosamente
construido.
La neurociencia sugiere que el
placer de coleccionar no es una rareza cultural ni una simple nostalgia por el
correo tradicional, por el contrario, responde a impulsos profundamente
arraigados en nuestra biología.
Buscar, descubrir, clasificar,
aprender, completar y compartir son actividades que el cerebro humano ha valorado
durante miles de años. Por eso, cuando un filatelista encuentra finalmente esa
pieza que tenía tanto tiempo buscando, la satisfacción no solo es simbólica, es
también neurológica.
Y es en ese pequeño instante de
triunfo, entre pinzas, álbumes, lupas y catálogos, que el cerebro confirma algo
que los filatelistas siempre hemos sabido instintivamente:
Coleccionar nos hace felices.
-
Lieberman, Daniel Z. The Molecule of More. BenBella Books, 2018.
-
Kandel, Eric R.; Schwartz, James H.; Jessell, Thomas M. Principles of Neural Science. McGraw-Hill.
-
Muensterberger, Werner. Collecting: An Unruly Passion. Princeton University Press.
-
Belk, Russell W. “The Psychology of Collecting.” Journal of Consumer Research.
-
Gruber, Matthias J.; Gelman, Bernard; Ranganath, Charan. “States of Curiosity Modulate Hippocampus-Dependent Learning.” Neuron (2014).
Que buen artículo Alfonso, abrazo. AC.
ResponderBorrarGracias mi estimado AC, aprecio mucho tus comentarios
BorrarExcelente trabajo, refleja lo mas importante como actuamos en nuestro entorno y desarrolla la creatividad e investigación, algo que he mencionado sobre la filatelia que es un proceso al puente de amistad entre los pares filatélicos tanto a nivel nacional como internacional, Gracias Alfonso
ResponderBorrarValioso artículo para todos los coleccionistas. Felicidades .
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