El mundo de las pantallas: luz pura (RGB)
Imagina que tu teléfono o tu computadora son como un concierto lleno de foquitos de colores. Usan el sistema RGB (Rojo, Verde y Azul), que es un modelo aditivo: cuando la pantalla está apagada es negra, y conforme vas encendiendo los foquitos y combinando sus intensidades, se dibuja la imagen. Si prendes los tres al máximo nivel al mismo tiempo, el resultado es blanco puro. Por eso los colores en digital se sienten tan vibrantes, llamativos y luminosos; literalmente estamos viendo luz directa chocando contra nuestros ojos.
El mundo del papel: tinta y pigmentos (CMYK)
El papel, en cambio, no emite luz propia. Depende completamente de la luz ambiente que rebota en este para que podamos apreciar lo que hay en él. Aquí entran en juego el sistema CMYK (Cian, Magenta, Amarillo y Negro). A diferencia de las pantallas, este es un modelo sustractivo. Partes de una hoja que ya es blanca (y que refleja toda la luz) y le vas poniendo capas de tinta que absorben o "roban" ciertos colores. Como las tintas de impresión no son perfectas, mezclarlas todas oscurece el papel en lugar de aclararlo, y por eso se le añade el negro para dar profundidad real.
Por qué chocan ambos mundos
El problema principal es que las pantallas pueden presumir una gama de colores fabulosos y luces muy intensas (como los neones o los fluorescentes) que la tinta sobre el papel simplemente no puede replicar de la misma forma porque la física de la materia tiene límites. Por eso los diseñadores sufren tanto y calibran sus archivos antes de mandarlos a imprenta.
1. Manual de capacitación de Epson México para distribuidores (2002)
2. Esquemas desarrollados con inteligencia artificial
3. Imágenes de las estampillas: Correos de México y archivo filatélico
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