Por Jorge Castillo
Hay lugares que quedan grabados en la memoria colectiva no solo por su arquitectura, sino por la comunidad que los habitaba. Para aquellos apasionados que vivieron su juventud entre timbres, lupas y álbumes en los años 70 y 80, ese punto de encuentro ineludible era la Casa del Lago de la UNAM, en el corazón del Bosque de Chapultepec. Un refugio de origen porfiriano, inaugurado en 1908, que cada domingo se transformaba en el epicentro absoluto de la filatelia mexicana.
Eran otros tiempos, cada domingo se reunían allí no menos de 70 personas, y encontrar una silla libre era toda una hazaña para quien no llegara temprano. La escena resultaba fascinante: la comunidad se apropiaba de los jardines que rodean el lago. Las mesas de exhibición se instalaban alrededor de la casa, pero el entusiasmo era tal que desbordaba cualquier espacio asignado, al punto de que los coleccionistas se sentaban literalmente en el pasto a intercambiar, comprar y vender.
Nota de época: El sobre de primer día de emisión (FDC) de EXCLUFIM '74 representa uno de los registros más preciados de la asociatividad filatélica en recintos universitarios durante la década de los setenta en México.
La Prueba Viviente: EXCLUFIM '74
Como testimonio tangible de aquel fervor de época se conserva un sobre de primer día de emisión verdaderamente singular, fechado el 24 de noviembre de 1974.
Este sobre conmemora la "EXCLUFIM '74: 1a. Exposición Filatélica del Club Filatélico Mexicano". En él conviven el matasellos oficial del evento y un sello postal de correos de México de 1974 dedicado al II Congreso Hispanoamericano de Lectura y Escritura. Su diseño rinde homenaje al recinto al incorporar un grabado en negro con la silueta de la propia Casa del Lago. Más que un objeto de colección, se trata de un documento histórico que certifica cómo se vivía la filatelia en grupo, organizada y vibrante.
Un Oasis Cultural
Aquellas reuniones dominicales trascendían el intercambio de estampillas; la Casa del Lago funcionaba como un auténtico centro cultural y un oasis universitario en la Ciudad de México. El edificio albergaba una rica diversidad de expresiones artísticas como cineteca, salas de exposición, teatro y danza, además de convivir de cerca con el tradicional club de ajedrez.
Ese entorno potenciaba la experiencia de los asistentes, quienes no solo acudían a hacer transacciones, sino a compartir el día en un espacio impregnado de arte y camaradería.
El Eslabón Humano: Don Tomás
Detrás de toda gran comunidad siempre existen figuras entrañables que hacen posible la logística y la magia del encuentro. En la memoria de aquellos domingos destaca la labor de Tomás, el encargado de colocar las mesas semana a semana para que los coleccionistas pudieran desplegar sus tesoros y dar vida a la reunión.
La Nostalgia del Presente
Hoy en día, la Casa del Lago sigue en pie como un valioso espacio cultural, aunque el panorama filatélico ha cambiado radicalmente. Si bien todavía se puede encontrar a un par de coleccionistas nostálgicos que acuden los domingos, aquellos años en los que los jardines rebosaban de entusiastas del coleccionismo ya forman parte de la historia dorada de la ciudad.
A través de la memoria y de piezas como el sobre de EXCLUFIM '74, queda el registro de una época irrepetible en la que la filatelia se vivía al aire libre y con el corazón en la mano.
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